Las Lenguas También Mueren, Caso del Wixárika y Español por Oscar Ukeme Bautista Muñoz

Por Oscar Ukeme Bautista Muñoz
25 de febrero de 2008

La siguiente exposición se puede aplicar a cualquier idioma o lengua indígena, no sólo del wixárika (huichol), lo dedico en especial a aquellas lenguas indígenas que están en peligro de extinción, sólo por razones contextuales y regionales hemos decidido describirla y compararla de esta manera. Tampoco estamos diciendo que el wixárika (huichol) sea inferior al español, al contrario, pretendemos hacer una reflexión oportuna en el asunto de la preservación de las lenguas indígenas, comencemos pues:

El 21 de febrero de cada año conmemoraremos el Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado por la Conferencia General de la UNESCO desde noviembre de 1999. Las lenguas son el instrumento de mayor alcance para la preservación y el desarrollo de nuestro patrimonio cultural tangible e intangible, porque desempeña una función básica en la construcción de sociedades del conocimiento.

En nuestra cultura indígena la lengua materna es el lenguaje de los dioses, a través de ella podemos rezar y comunicarnos con nuestras deidades, fortalecer nuestras costumbres y tradiciones, no le piden nada a otras lenguas, con ella podemos reír, nombrar cosas, identificar espacios y lugares, además de usarla para cantar, contar historias y practicar diálogos cotidianos de uso común.

Pero antes de continuar con nuestra exposición quiero puntualizar lo siguiente, las lenguas maternas de los pueblos originarios no son dialectos son lenguas tiene variantes dialectales que es distinto, actualmente la Ley General de Derechos Lingüísticos de nuestro país las considera Idiomas Nacionales, dialecto es la variación geográfica de un idioma, (por ejemplo el español hablado en la República Dominicana y el español hablado en España), el lenguaje utilizado por nuestras culturas indígenas es mucho más que eso, es una capacidad o facultad intelectual desarrollada como seres humanos que nos permite abstraer, conceptualizar y comunicar ideas. Lenguas de comunicación indígena que en ninguna otra parte del mundo nacen o se expresan porque son originarias de estas ancestrales tierras.

Pero vamos a lo que nos preocupa: Las lenguas también mueren, sí, estas porque cuando una lengua se deja de usar dentro de una actividad determinada o se mezclan, la lengua deja de evolucionar como medio de comunicación dentro de esa esfera porque tampoco ya no hay palabras nuevas. Por ejemplo, las cosas que llegan a nuestras comunidades como teléfonos, computadoras o radios, las lenguas indígenas muy pocas veces le agregamos nuevos nombres a estos artefactos, por lo tanto la lengua pierde influencia sobre el nombramiento de esa nueva maquina, cosa o artículo. En ese caso se ha producido una “pérdida de dominio”, primeramente porque no son elaborados por la población indígena y la otra por la visión lingüística diferente de identificarlo.

Otro ejemplo, si dejamos de usar el wixárika (huichol) dentro de los diálogos cotidianos o el trabajo, poco a poco se va haciendo más y más difícil hablar ó escribir en nuestra lengua materna acerca de los últimos descubrimientos y nuevos conocimientos, incluso en aquellas circunstancias en las que por diferentes razones sería conveniente utilizar el wixárika (huichol). Lo que está ocurriendo es una debilitación de la lengua wixárika (huichol) como lengua que sostiene una sociedad, porque ahora también ya la mezclamos con otros idiomas como el español o inglés, generalmente ya no hay lenguas naturales. Si cuando hablamos de palabras como Chat, Word, Excel, power point, flash, bye, okey, el Español ha perdido dominio ante el Inglés, donde en nuestro país hay más de 100 millones de hablantes de este idioma, ahora que pasara con las lenguas indígenas que son menor cantidad de hablantes en diversas parte del país, donde además existen al menos 62 lenguas originarias sin contar las variantes dialectales, y que alrededor de 23 lenguas que están en peligro de extinción (cakchiquel, chichimeca, jonaz, chocho, Cluj, cochimí, cucapá, guarijío, ixcateco, ixil, jacalteco, kekchí, kicapú, kiliwa, lacandón, matlatzinca, mocho, paipai, pápago, pima, quiché, seri y tlahuica).

Hemos avanzado en algunos aspectos, como lo son el Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas de la CDI que transmiten sus programas en lengua materna, la creación de la Ley General de Derechos Lingüísticos, libros indígenas, la grabación de música indígena, pero sobre todo, la instrucción de la lengua materna en la educación indígena, así como la búsqueda de la estandarización de los alfabetos indígenas.

Nos queda mucho más por hacer, y el reto y compromiso seguirá siendo el mismo, fortalecer y fomentar nuestra lengua materna en nuestros propios hogares, desde padres e hijos, hermanos y familiares, pero también la de darnos la oportunidad de utilizar otras lenguas que permitan desarrollarnos, porque si no nos estaremos rezagando más, pero claro, sin dejar en primer lugar nuestra lengua nativa.

Ya que es posible que acabemos en una situación en la que el español u otro idioma sea la lengua pública (en la casa, en las costumbres, en reuniones, en el trabajo, etc.) mientras que el wixárika se convierta sólo en una lengua de uso doméstico, para el intercambio informal cotidiano o para de vez en cuando utilizarla. Nuestra lengua materna se puede convertir en un obstáculo porque el wixárika dejará de funcionar como una lengua común propia y rica, y no queremos que suceda eso.

Es hoy cuando debemos elegir una lengua o al menos reconocer en que situación utilizarla para fortalecerla, porque mañana es demasiado tarde. Debemos estar informados sobre lo que está sucediendo y ser responsables de nuestro destino.
Pamparios ne iwama, yu nait+ xemuye hane wixáritari aix+a xeteneu erieka.

Derechos reservados ©Oscar Ukeme Bautista Muñoz 2008 -2018

Oscar Ukeme Bautista Muñoz es wixárika y recientemente egresado de la Universidad Autónoma de Nayarit, recibió el Premio Nacional a la Juventud Indígena y actualmente dirige la Unión de Estudiantes Indígenas por México.

Traducción por Diana Negrín da Silva