Guadalupe González Ríos

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Guadalupe González Ríos 1923 - 2003 

Guadalupe González Ríos, Ketsetemahé Teukarieya, o “Ahijado de las Iguanas”, nació el 12 de diciembre de 1923, en el asentamiento huichol de Carretones de Cerritos, Nayarit. Se consideraba un miembro de la comunidad huichol de Tuapurie, Santa Catarina Cuexcomatitlán, por su tradición paternal. Sus cuadros de estambre de lana llegaron a destacar como la mejor expresión del arte huichol, junto con los de los demás artistas mencionados en estos sub-capítulos.

Uno de sus abuelos, Inés Ríos, se volvió muy reconocido por los huicholes de su tiempo después de haber nacido como un mestizo, teiwari. Descubrió por su cuenta una planta llamada kieri en huichol, y considerada por éstos como un poderoso medio para lograr la sabiduría chamánica. El antropólogo mexicano Jesús Jáuregui, que hizo su tesis sobre las raíces de la tradición mariachi en México[1], investigó la historia de Inés Ríos, escribió sobre él y sus descendientes con dones musicales, pues se decía de él que podía tocar el violín huichol de manera inigualada y en más de una ceremonia a la vez. Otro nieto de Inés Ríos que siguió el camino de la música fue Juan Ríos (véase adelante), mientras que Guadalupe González usó sus dones para entender sus propiedades curativas.

Al usar la técnica del estambre pegado sobre madera con cera de campeche y sacar provecho vendiendo los diseños, un tío de Guadalupe González le advirtió que no tratara temas significativos en sus cuadros, a menos de exponerse a quedar ciego. Dos factores podían mitigar estas funestas consecuencias: el primero que su obra no sirviera meramente para funciones decorativas sino para suscitar respeto y admiración hacia su cultura sagrada. El segundo factor era que yo, como su intermediario, me sometiera a la mirada de su principal “patrón”, el celoso y muy temido kieri, conocido como ‘árbol del viento’ entre los huicholes. Así hicimos tres peregrinaciones entre 1973 y 1977 a este arbusto en el encumbrado picacho del Dueño de la Oscuridad, Tükakameritsié, al que se camina desde el alba, en ayunas para pasar la noche en vigilia bajo el efecto del polen del kieri. Desde allí se contemplan las Puertas del Inframundo, Watetüapa, en Nuestra Madre el Mar, Tatéi Haramara, donde Nuestro Padre el Sol inicia su viaje invisible del Oeste al Este, por el camino de una serpiente de dos cabezas.

Su estilo representa una plegaria y una invocación más que una descripción como en el caso de Benítez. Sus figuras no están ligadas entre sí, pero prototipos humanos y sus rezos flotan en el vacío, alrededor de una figura central que desafía la gravedad por su masa. Los rezos y los objetos votivos fluyen como puntos, estrellitas y figuritas diversas que conectan rítmicamente a las figuras entre si. Algunas de sus obras maestras fueron de media hoja (1,22m. x 1,22m.), como El Nacimiento del Sol (1973), El Nacimiento de Nuestra Bisabuela la Luna (1973), El Nacimiento del Kieri (1974) y La Metamórfosis del Antepasado Petrificado (1974). Creó otras dos obras maestras del tamaño de una hoja (1,22m. x 2,44m.), El Viaje de los Difuntos y El Nacimiento de Nuestra Madre el Maíz (1974). A partir de 1976, la práctica de sus nuevos dones chamánicos supeditó su interés por la expresión estética, aunque era un hombre muy humilde y no presumía de ser un gran mara’akame. Siguió realizando cuadros importantes de vez en cuando, después de su época más fértil. Posteriormente, los efectos de insecticidas y la ceguera le afectaron, con la artritis, pero pintar con estambre podía ser un acto terapéutico y una invocación.

Cuando empezamos las peregrinaciones Don Guadalupe estaba dedicado exclusivamente al culto de Nuestro Hermano Mayor Venado de Grandes Astas, Tamatsi Wawatsari, como le llamaba al kieri del Cerro cercano al rancho de Las Blancas, donde vivía entonces. Más tarde se cambió a un rancho llamado Las Pilas y eventualmente hicimos un viaje a Wirikuta en el oriente, por lo cual Guadalupe González siguió visitando ambos lugares sagrados casi hasta el último año de su vida, el 17 de abril de 2003.

Nota: El kieri se llama copa de oro entre algunos mestizos y fue reconocido como su equivalente por la investigadora Colette Lilly, que permitió su clasificación botánica como Solandra brevicalyx. Es una planta más psicotrópica que el peyote que se encuentra en Wirikuta. A menudo induce a la desviación del camino correcto o a las tentaciones, y no perdona las infracciones en la conducta de sus aprendices, quienes pueden alcanzar algunos conocimientos más rápidamente con su ayuda, si se cuidan bien.

[1] “Un siglo de tradición mariachera entre los huicholes,” de Música y Danzas Del Gran Nayar, que editó para el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos y el Instituto Nacional Indigenista, México, 1993.

Texto y fotografías Copyright ©Juan Negrín, 2002-2008. Derechos Reservados.

Última modificación: 
09/10/2018 - 2:15pm